DE UN TORO DE LIDIA
A LOS ECOLOGISTAS
Por ÓSCAR DE JUÁN
http://www.latribunadealbacete.es-Tocando fondo
Me llamo ‘Toro de Lidia’. Dicen que mi cuerpo refleja la belleza y la pasión de las noches españolas, que estoy enamorado de la luna y que el orgullo animal se encarama en mis astas. Lo que digan los poetas y cantantes es lo de menos. Lo verdaderamente importante es que mi raza sobrevive gracias a las corridas de toros.
Se trata de una ley económica elemental: la demanda crea la oferta; mientras haya afición taurina, habrá toros de lidia
He vivido mi infancia y juventud en dehesas sin fronteras. Me duele saber que otros animales salvajes viven enjaulados en los parques zoológicos. Y me dan ataques de claustrofobia cada vez que pienso en los animales domésticos estabulados. Toda una vida mirando un metro cuadrado de suelo, esperando el día que, hacinados en camiones, sean llevados al matadero. ¡Eso sí que es una tortura!
Escribo esta carta desde el toril donde yo también aguardo el momento de ser sacrificado. Es la suerte común de todos los animales que con nuestra carne y piel prestamos un servicio al hombre. Me cabe, empero, el honor de saber que hasta mis últimos movimientos proporcionarán un espectáculo que divierta y emocione a las multitudes.
Unos lo verán como un deporte de riesgo donde un enjuto torero (provisto sólo de capa y espada) se enfrenta a un toro descomunal. Otros valorarán más el arte y colorido impresos en cada pase. Deporte o arte, lo que me satisface sobremanera es que los aficionados disfrutan sin necesidad de descargar su rabia contra nadie. He oído hablar de un deporte (fútbol creo que se llama) que incita el odio hasta la muerte.
No hay deporte sin riesgo y sin dolor. Por lo que a mí respecta, ese cuarto de hora de mareos y sangre (de «tortura», si se quiere) no me parece un coste excesivo al contrastarlo con las ventajas que antes he recibido y con las torturas infligidas sobre otros animales y personas. Sí, también personas. Estoy pensando en las torturas practicadas a la población reclusa en tantos Guantánamos que todavía quedan en el mundo. Y en las torturas practicadas en el seno materno conducentes al aborto. Al parecer, éstas últimas son legales pero nadie puede filmarlas; sería de mal gusto reproducir imágenes tan espeluznantes.
Amigos ecologistas. Gracias por la preocupación que desde siempre habéis mostrado por mi especie y raza: el toro de lidia. Me temo, sin embargo, que el remedio que proponéis es peor que los males que suponéis padecemos. ¿O se trata, acaso, de una manera de desviar la atención de los verdaderos problemas que azotan a la especie humana?
P.D. El autor de este artículo no ha asistido nunca a una corrida de toros; ni siquiera las ve por televisión. Pero tiene un profundo respeto a las aficiones de sus semejantes y considera sagrada la libertad individual, siempre que no atente contra los derechos fundamentales del ser humano (subráyese lo de «humano»).