Hacer justicia a un gran taurino : ya en el año 2005 se decían cosas como estas de Rui Bento...

NATURALES
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Publicado en el diario "La Tribuna", de SALAMANCA
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Cuadernos de David Montero
Rui Bento, buen torero 
y gran profesional
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Recuerdo perfectamente la primera vez que ví a Rui Bento. Era un novillero portugués más, de los que venían a España con el ánimo de ser un día matadores de toros famosos tanto aquí como en su tierra. Conocí también a José Falcón y a Amadeo dos Anjos, en la época en que como Rui llegaron también convencidos de que primero Salamanca y más tarde toda España, los lanzaría como toreros importantes al ruedo de la fama.
Rui Bento ya desde el principio tenía esa mezcla entre educado y arrogante, que lo ha caracterizado y que no ha perdido a lo largo de los años.
He conocido a muchos novilleros, que desde el principio soñaban con la gloria, pero puedo asegurar, que ninguno con el afán y el tesón con que lo hacia Rui Bento. Por su forma de ser, ya desde el principio, se ganó los favores de los ganaderos, de sus familias, de los hombres del toro, de infinitos amigos y, por supuesto, de la prensa. Nada se le ponía por delante a este espigado, elegante, risueño y con exquisitos modales, novillero portugués.
Pero Rui Bento sumado a todo esto tenía algo importantísimo. Quería y vivía su mundo como casi no puede ni imaginarse. De entrada se instaló en un apartamento de la calle Isidro Segovia. Entrenaba por las mañanas en La Sindical, para luego, vestido a la última, no fallar ni un solo día en el Plus Ultra, donde saludaba, visitaba cada corrillo, conocía nueva gente y hacía sus contactos. Como buen portugués amante de los coches tuvo las primeras rancheras, que cambió en muy poco tiempo por el Mercedes que tenían las figuras.
Convencido
Pero apasionado y convencido, poco a poco se hizo conocer también como buen novillero. Tomó la alternativa y como matador de toros disfrutaba de un buen momento y de grandes perspectivas, hasta que una cornada en Ortez le dañó el nervio ciático y desgraciadamente tuvo que pagar las circunstancias de tan mal lance. Sin embargo, fue a partir de aquí donde Rui Bento dio con creces la talla de hombre y de torero.
La recuperación era casi imposible, pero Rui, con una fuerza interior y un amor propio desmesurado logró, paso a paso, tener la movilidad suficiente como para seguir poniéndose delante de los toros. Torero atleta y poderoso antes del percance en el tercio de banderillas, lo siguió haciendo con dificultad, pero con un mérito enorme y salvando situaciones comprometidas.
Toreó mucho y bien durante algunos años, aunque arrastró siempre la secuela del ciático, algo que lo privó de haber llegado mucho más lejos. Le costó convencerse de eso a un Rui que siguió peleando por conseguir su sueño hasta que, rendido a la evidencia de no disfrutar de algo tan fundamental en un torero como es su forma física, se fue del toreo con gran pena, pero con mucha dignidad. Exigente como era en su profesión, fue capaz de valorar sus virtudes y sus fallos, aunque estos le costara más reconocerlos. Recuerdo que el año que fue a Madrid con la corrida de El Cura de Valverde no pude asistir por estar en la feria de Santander, pero por compañeros me enteré que al menos con el segundo pudo estar mejor de lo que estuvo.
Mucho arroz
Llegado de Santander y coincidiendo con él una mañana en El Plus Ultra le dije en portugués, que si la corrida había sido ‘muito arroz para taum poco frango’, (‘mucho arroz para tan poco pollo’). Se alteró de tal manera, que me amenazó con quitarme el bigote. Pero no fue distinto Rui Bento a cualquier torero cuando le dices la verdad. Por esta y otras desavenencias parecidas y por halagos fundados en la verdad de su toreo, he tenido enfados y alegrías con el torero.
Por Rui conocí muchas de las plazas de toros portuguesas, sobre todo Vila Franca de Xira, a rejoneadores, a la vida y milagros de los apasionantes ‘forcados’ y a su familia. A sus padres, a los padres de Isabel, que hoy es su mujer, y a su hijo. Como torero, de Rui Bento ya dije lo que tenía que decir en su tiempo. Ahora quiero hacerlo con la labor que desempeña en el mundo del toro, del que no se ha ido ni se irá nunca, porque el toro era y sigue siendo la pasión de su vida.
Reconocimiento
No es fácil ni mucho menos, que en un mundo tan ficticio en muchas cosas y tan complejo en otras como es el de los toros, alguien sin reservas tenga el reconocimiento unánime de todos los taurinos. La misión y la labor que se le encomendó a Rui Bento, primero con Juan Diego, luego con Antonio Barrera y ahora con Eduardo Gallo, de todos es sabido que fue y está siendo absolutamente positiva.
Que un torero sepa que tiene detrás a alguien que lo quiere, lo respeta y desea lo mejor para él, es algo que en el toreo cuesta conseguir, incluso por mucho que se busque. La labor que Rui desempeña suele calificarse de asesor, de consejero. Pero a eso digo yo que, ‘Nanay del Paraguay’. Ni labor ni ‘tío páseme usted el río’. Lo que Rui Bento hace es transmitir confianza, seguridad, ánimo, experiencia y, sobre todo, y lo más importante, conocimiento.
Rui Bento no es apoderado, pero tampoco se parece en nada a los que lo son. El apoderado, aparte de estar bien comido y bien dormido vive la corrida desde el burladero y, en la mayoría de las ocasiones, más pendiente de su veguero, que de lo que haga o deje de hacer su poderdante. ¿Acaso hace lo mismo Rui Bento? Ni siquiera parecido. Rui discretamente elige el sitio del callejón más cercano a su torero, para desde allí animarlo y aconsejarlo. Parece hasta mentira y no deja de ser curioso, pero lo mismo hace un compañero de Rui, que como él, tampoco figura como apoderado. Todos sabemos quien es, fue también matador de toros y se llama José Antonio Campuzano.
¿Dónde estaba Luis Álvarez cuando a José Antonio casi lo mata un toro en una plaza americana por salvarle la vida de Castella? ¿Dónde Óscar o Pablo Chopera, cuando Rui trasladó en sus brazos a Eduardo Gallo a la enfermería de la plaza de Badajoz? ¿Dónde cuando en la plaza de Illumbe hizo lo mismo con Antonio Barrera? ¿Dónde en la plaza de toros de Zaragoza cuando ocurrió exactamente lo mismo con Rui Bento y Antonio Barrera? Sería cojonudo y sólo faltaba, que se diga que para eso está y cobra Rui Bento. Pero ya se sabe que ‘hay gente p’a tó’
Rui Bento tiene mérito y se lo gana a base de entrega y pasión por algo que empezó a amar cuando llegó a Salamanca, por su profesión y por el toro. Vaya desde aquí primero, nuestra enhorabuena y, segundo, hazte de una vez apoderado por derecho, que te lo mereces. Ganarías tú e infinitamente más a quien o a quienes apoderaras. Por cierto, no te preocupes si hay ‘cantamañanas’ a los que les jode que se diga la verdad sobre ti y que salgas en TRIBUNA.-  DAVID MONTERO