En recuerdo de Julio Robles, inolvidable siempre

NATURALES
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Paco Cañamero, editor de "GLORIETA DIGITAL", con ocasión del homenaje de este fin de semana a Julio Robles (que en paz descanse) ha escrito un estupendo artículo que por su interés reproducimos, como lo hizo el Ayuntamiento de Salamanca en el programa conmemorativo de este homenaje anual.
Julio Robles, el brillo de un torerazo 
Cuando llega enero y el intenso frío anuncia que estamos inmersos en la crudeza del inverno, siempre vuelve a surgir con toda la fuerza el nombre de Julio Robles. Ahora, como también en septiembre y durante los demás días del año, Salamanca siente en su piel la añoranza de la exquisitez que atesoró quien ha sido un icono para la Tauromaquia. Ese Julio que fue un espejo de esta tierra e hizo grande el arte del toreo con el tesoro de su calidad. Con el señorío del que llevó a cabo una trayectoria brillantísima y que tanto contribuyó para que Salamanca viviera una edad de oro taurina.
Ahora, en enero, como en septiembre, cuando llega la feria y su nombre surge espontáneamente, que es cuando las cosas tiene más verdad, la huella de Julio se acrecienta y vuelve a ser la protagonista, como lo eran sus faenas, de imperecedera memoria. Hoy y como pasará dentro de muchos años, su nombre vuelve a acaparar la atención como sucedía tantas tardes cuando escribía el libro de su página torera con el arte de su capote y su muleta.
Siempre quedan presentes tantas tardes de arte y de pasión, muchas de ellas protagonizadas en esta plaza de La Glorieta en la que, gracias a sus triunfos de septiembre, dejó el sello de su impronta y logró que todos sus paisanos sintiéramos orgullo de él. Y de la propia Tauromaquia.
Pasa el tiempo y la vida sigue su paso deshojando calendarios, pero la estela de Julio se mantiene viva con todo su esplendor. Han pasado casi 20 años desde que sufriera esa angustiosa cogida que lo dejó para siempre inmóvil y casi una década, desde que un día de enero emprendiera el camino de la eternidad. Sin embargo cuando su nombre vuelve a surgir, llega un halo de añoranza que da la sensación que sigue aquí. E incluso, cuando venimos a su ofrenda, lo hacemos con la misma gallardía y pasión como si viniésemos de nuevo a verlo torear en otra tarde para enmarcar.
El tiempo olvida casi todo, pero lo que nunca olvida con el paso de sus años es la grandeza de un artista como fue Julio, del mismo que hoy sentimos tan cercano el eco de los olés que llegaban tras sus exquisitos lances a la verónica. O después, con su profundo y artístico toreo al natural que tuvo su epílogo en sus desmayados finales. En definitiva, por todo lo que enseñaba este torerazo que ha sido uno de los orgullos de Salamanca y un icono de la torería.
Del genial Julio Robles, quien tanta pasión y orgullo despertó entre sus paisanos y, quien cada enero, vuelve a brillar con la fuerza de sus mejores tardes.