
LISBOA/PONTEVEDRA (NATURALES / Foto : EMÍLIO de JESÚS).- Nos hace llegar Patrícia Sardinha, en la madrugada triste de esta terça-feira, la última foto en público de José Joao Zoio. Corresponde a la última quinta-feira, en la habitual barrera que ocupaba en el Campo Pequeno, la Monumental de Lisboa.
Viendo esa imagen, fotografía de la que es autor Emílio de Jesús, viendo esos rostros risueños, uno no puede por menos que obtener una nueva lección de lo injusta que es la Vida y cómo la Muerte nos acecha a cualquier hora y en cualquier parte.
Quien diría viéndoles el pasado jueves, aún tan cerca en el calendario, estos rostros felices -indudable expresión que se observa- en una pausa entre toro y toro en la corrida del Sporting Club de Portugal, que apenas cuatro días después la tristeza iba a embargarnos a todos, porque el señor de la foto -inesperadamente- había sido llevado de este Mundo, de esta nuestra realidad terrena, tan breve, tan fugaz como leve, tan improvisada como tantas veces absurda.
De repente, cuando no tenía edad para ello, se nos va una figura bien conocida del Mundo del Toreo, un cavaleiro de prestigio en Portugal pero también en España (aún recuerdo aquella su corrida en Sevilla, La Maestranza, con Oliveira, con los Peralta...).
La muerte de Zoio es un zarpazo, inesperado, traidor... que nos deja más huérfana la Fiesta, porque aunque ahora estaba retirado, hacía lo indecible por estar tantas y tantas veces en las plazas, de ahí que podamos presumir de esta su última foto, aún la pasada quinta-feira en la Monumental de Lisboa.
Zoio era una figura en la arena, pero también inolvidable fuera de ella. Por eso era muy de agradecer su frecuente presencia en las barreras de las plazas. Su rostro, allí, era como la aceptación resignada de una dura realidad : el haber tenido que dejarlo por aquella desgraciada caida que tanto daño le hizo en Alcochete y que marcó una obligada retirada de los ruedos. Aquella que fue uma amarga e inmerecida derrota supo aceptarla como gaje del oficio, con la mejor resignación y la mayor sonrisa, como da fe ese pasaje de vídeo que reproducimos más abajo, del que son autores los amigos de SamoraVideo.
Siempre es piadoso hablar bien de los muertos. Pero el Toreo de Zoio, que era verdadero en sus formas y en su fondo, no caería con los años en saco roto. Aún hace pocos años, Pablo Hermoso de Mendoza recordaba como un maestro a José Joao, al decir Pablo de la importancia de recordar siempre, en el hacerse presente como rejoneador en el ruedo, aquel concepto del maestro José João Zoio: “cuanto más débil sea el enemigo, más ventajas hay que darle”...
No fue un Toreo exento de verdad el de Zoio y si se repasan algunos videos, como esta noche hemos hecho con uno al azar, veremos que casi siempre hacía verdad y presencia postulados como el antes referido. Su tauromaquia tenía esencias que hoy, por desgracia y por momentos, echamos en falta.
Zoio, además, supo evolucionar en su actitud en el mundillo taurino portugués. Fíjense sino en cómo pasó de ser un tipo que iba por ahí como exigiendo su sitio, anunciándose en los carteles con un D. delante... a convencerse que la aristocracia en el Toreo se gana en la plaza, día a día, y haciendo las cosas bien en la cara del toro. Y eso supo aprenderlo Zoio que con el tiempo se tornó en humilde y accesible, lo que no deja de ser digno de elogio. Aún así, el gran taurino Alberto Franco refería no hace mucho aquella anécdota reveladora...
"Farto de tanta «dinastia»...Uma onda de pirismo, de pretensiosismo saloio e aristocratismo de pechisbeque está a varrer a Festa em Portugal. Refiro-me à moda das «dinastias». Durante algum tempo, só se falou em cavaleiros de «dinastia»: os Telles, o Lupi, os Moura. Agora, o fenómeno chegou aos forcados, com o anúncio de uma tourada em Évora, em que são anunciados forcados de «dinastia». Serão mais que os outros? Teremos qualquer dia a Festa reduzida a um espectáculo de castas, de clãs, de «dinastias»?Perante tanta vénia e pergaminho duvidoso, apetece contar uma «estória» de Mestre Baptista. Toureava certo dia o cavaleiro de S. Marcos do Campo com Manuel Conde e Zoio, que nos seus primeiros tempos se fazia anunciar nos cartazes como D. José João Zoio. Chegado à praça, Baptista juntou-se aos colegas no pátio dos cavaleiros e, com o seu sorriso mais plebeu, disparou: «Há lugar para mais um fidalgo?»"
En fin, murió un hombre realmente importante en la Tauromaquia Portuguesa y en el Toreo a Caballo en el Mundo. Zoio no fue un cualquiera y su nombre quedará para siempre en el libro de los buenos y grandes recuerdos. Y también de las desgracias porque aquella maldita caída de Alcochete tal vez segó una carrera que hubiese sido mucho más importante si su salud no hubiese resultado tan quebrada.
Descanse en paz quien hasta el último día -y como prueba la foto de Emílio de Jesús que situamos en cabeza de este artículo-, fue por encima de todo, un gran taurino y un gran torero.
EUGÉNIO EIROA